Quizá la mayor facultad que posee nuestra mente sea la capacidad de sobrellevar el dolor. El pensamiento clásico nos enseña las cuatro puertas de la mente, por las que cada uno pasa según sus necesidades.
La primera es la puerta del sueño. El sueño nos ofrece un refugio del mundo y de todo su dolor. El sueño marca el paso del tiempo y nos proporciona distancia de las cosas que nos han hecho daño. Cuando una persona resulta herida, suele perder el conocimiento. Y cuando alguien recibe una noticia traumática, suele desvanecerse o desmayarse. Así es como la mente se protege del dolor: pasando por la primera puerta.
La segunda es la puerta del olvido. Algunas heridas son demasiado profundas para curarse, o para curarse deprisa. Además, muchos recuerdos son dolorosos, y no hay curación posible. El dicho de que <<el tiempo todo lo cura>> es falso. El tiempo cura la mayoría de las heridas. El resto están escondidas detrás de esa puerta.
La tercera es la puerta de la locura. A veces, la mente recibe un golpe tan brutal que se esconde en la demencia. Puede parecer que eso no sea beneficioso, pero lo es. A veces, la realidad es solo dolor, y para huir de ese dolor, la mente tiene que abandonar la realidad.
La última puerta es la de la muerte. El último recurso. Después de morir, nada puede hacernos daño, o eso nos han enseñado.
miércoles, 6 de febrero de 2013
viernes, 28 de diciembre de 2012
Music is what I am. Everything else is what I do.
Nunca he pedido más de lo he que sabía que no podía tener. Me he conformado con poco la mayoría de mi vida, rascando pequeños trozos de muchas cosas. Nunca le he pedido más a personas que sabía que no podían ni sabían darlo. Y por eso estoy así ahora, las cosas grandes me encontraron hace unos años y ahora lo poco con lo que me conformé una vez, se queda corto para mi. ¿Su nombre? La música. En ella encontré la felicidad que no me daban las personas. A ella, a los grupos y a los cantantes, les debo mi vida.
No pido que la gente lo entienda, sólo quiero hacer saber al mundo que si sigo aquí, es por esas personas que han cambiado mi vida a mejor a través de unas letras, unas melodías, unas voces... Ellos me dieron la fuerza que me faltaba. El sentido que necesitaba de la vida. Mi vida es la música.
No pido que la gente lo entienda, sólo quiero hacer saber al mundo que si sigo aquí, es por esas personas que han cambiado mi vida a mejor a través de unas letras, unas melodías, unas voces... Ellos me dieron la fuerza que me faltaba. El sentido que necesitaba de la vida. Mi vida es la música.
viernes, 30 de noviembre de 2012
Como un alcohólico en tratamiento.
El día en el que sus ojos se clavaron directamente en los míos, fue como si el mundo entero se parase. El momento en el que rocé sus labios, cuando entraron en contacto con los míos, supe que podría volverme adicta a ellos. Y eso fue lo que sucedió, me volví adicta a él. Como un yonki desesperado por un par de rayas. Pero llegó el momento en el que se marchó, sin dar explicaciones. Simplemente decidió que era el momento de salir de mi vida. Lo que él no sabía era que yo estaba enganchada a él y no tenía la fuerza suficiente para separarme de él. Tampoco quería hacerlo. Pero tuve que ser fuerte y sigo teniendo que serlo.
El cielo se volvió gris, los días cada vez se hacían más y más largos y lo único que hacía era cerrar los ojos, echarme en la cama con las luces apagadas y la música saliendo por los auriculares llenando mis oídos. Alta. Muy alta. La tenue luz que entraba por la ventana me avisaba del anochecer. Y así pasaba cada día durante semanas, sumiéndome en letras tristes de canciones con historias que con él ya no iba a ser capaz de vivir. Hasta que caía completamente dormida.
Aun sabiendo que él ya no estaba, esperaba despertarme rodeada por sus brazos con su aliento en mi nuca. Y ahora lo único que me queda es el olor de su colonia impregnada en mi almohada, un sitio desocupado en mi cama y un vacío enorme en mi vida.
Supongo que es el Otoño, que a todos nos vuelve ligeramente tiernos. Así que, por el momento, me dedicaré a seguir echándole de menos.
El cielo se volvió gris, los días cada vez se hacían más y más largos y lo único que hacía era cerrar los ojos, echarme en la cama con las luces apagadas y la música saliendo por los auriculares llenando mis oídos. Alta. Muy alta. La tenue luz que entraba por la ventana me avisaba del anochecer. Y así pasaba cada día durante semanas, sumiéndome en letras tristes de canciones con historias que con él ya no iba a ser capaz de vivir. Hasta que caía completamente dormida.
Aun sabiendo que él ya no estaba, esperaba despertarme rodeada por sus brazos con su aliento en mi nuca. Y ahora lo único que me queda es el olor de su colonia impregnada en mi almohada, un sitio desocupado en mi cama y un vacío enorme en mi vida.
Supongo que es el Otoño, que a todos nos vuelve ligeramente tiernos. Así que, por el momento, me dedicaré a seguir echándole de menos.
martes, 23 de octubre de 2012
Éramos todo.
Éramos pura magia. Éramos conexión. Éramos sonrisas que
nadie entendía. Y que nadie podría haber evitado, claro. Éramos tardes de
risas, cosquillas y algún que otro "te quiero" que nunca tuvimos la maldita
valentía de decirnos. Éramos miradas llenas de complicidad. Éramos algo tan
difícil de explicar que tú jamás supiste comprenderlo del todo. Éramos la risa
más libre que he escuchado. Éramos un "perdóname" de esos que no decíamos después
de cada pelea. Y es que éramos capaces de enfadarnos por cualquier cosa y
olvidarlo como si no hubiera pasado nada a los cinco minutos. Sólo porque
necesitábamos volver a sentir el cariño del otro. ¿Sabes cuál es el problema?
Que esto es lo que éramos. Pretérito. Pasado. Y el pasado es algo que, por
definición, no vuelve. Por mucho que cierre los ojos con fuerza cada noche,
esperando que al abrirlos me despeine el remolino de tu pelo. Ya no sé quien
tuvo la culpa de los dos, aunque tal vez los dos fuimos culpables. Pero todos
lo dicen, todos se extrañan al ver que hemos perdido aquella complicidad, al
notar que solo somos dos extraños que se esquivan para evitar que duelan los
recuerdos.
sábado, 13 de octubre de 2012
Maybe I should let you go.
La verdad es que el simple hecho de volver a verte, después de todo lo que hemos pasado juntos, me descoloca por completo.
Porque verte fingiendo que somos dos extraños, me duele. Y mucho.
Porque es difícil olvidar a alguien con quien te olvidabas de todo.
miércoles, 10 de octubre de 2012
viernes, 28 de septiembre de 2012
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