Camino a la deriva, el sol me guía y cuando se va, la luna se convierte en mi fiel compañera. El calor de los bolsillos de mi chaqueta hace que mis manos se sientan menos solas en este comienzo de otoño. Mi cabeza me juega malas pasadas, mi memoria es mi peor enemiga por guardar bajo siete llaves los recuerdos que me siguen haciendo daño y que se resiste a eliminar. Agito mi cabeza y me recuerdo que esta noche estamos buscando el escondite al que mi corazón se escapó hace ya tantos años. Prometió volver después de unas vacaciones, por una baja por depresión, porque creo que se dio cuenta que no valía la pena estar dentro de un cuerpo que no le alimentaba lo suficiente y se fue en busca de alguien que le diese un buen cobijo, caliente de amor. Hoy volveré a casa una vez más sin él y acabaré resignándome a que vuelva él solo cuando crea que es necesario, cuando crea que el lugar en el que creció puede ayudarle a pegar sus partes rotas al recibir el cuidado que realmente se merece y que nunca he podido regalarle.
Creo que es por eso por lo que, a día de hoy, soy incapaz de querer. Qué puedo hacer mas que aceptar que no estoy hecha para eso.
No hay comentarios:
Publicar un comentario